FILOSOFIA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS UNO

viernes, 26 de febrero de 2010

PREGUNTA Nro. 132 ¿Por qué los clarividentes educados no se prestan a experimentos concluyentes bajo el contralor de hombres de ciencia

PREGUNTA Nro. 132

¿Por qué los clarividentes educados no se prestan a experimentos concluyentes bajo el
contralor de hombres de ciencia, lo que demostraría y convencería a todo el mundo de esa
facultad que trasciende a los sentidos ordinarios?


Respuesta: En primer lugar, los clarividentes educados no tienen por qué molestarse con
eso; no les importa nada lo que la gente crea o deje de creer; y si bien puede importarle
mucho a ésta lo que crea, al clarividente no. Este no busca dinero ni ninguna otra
consideración que el mundo pueda ofrecerle si lo convence; no desea tampoco el poder
mundano, no se alaba de su facultad ni se da auto bombos, sino que cuando habla de ella, si
es que llega a hacerlo, se expresa con toda modestia. Si hace obras meritorias para ayudar al
prójimo no se preocupa de que eso se conozca. Generalmente, no permite que “su mano
izquierda sepa lo que hace la derecha”.
Un ciego no ve los colores ni la luz, aunque están en torno suyo, y si nos viniera a pedir que
nos sometiéramos a pruebas para probarle, sin dar lugar á dudas, que nosotros percibimos la
luz y el color, nos maravillaríamos de que esas pruebas pudieran convencerle de esos
hechos.
Igualmente el clarividente educado se maravillaría de que las pruebas convencieran a todo
el mundo. Nunca se ha inventado prueba alguna que no se preste a otra explicación y,
desgraciadamente, el clarividente que se prestase a tales experimentos se vería obligado a
prestarse siempre, lo que no impediría que generaciones enteras de escépticos lo
denunciaran como defraudador. Se vería obligado a someterse a los experimentos de cada
uno de los hombres de ciencia, y los hombres de ciencia no creen ni siquiera lo que ven sus
propios ojos.
Si su razón les dice que una cosa es imposible no la creen, aunque se les demuestre. Los
hombres de ciencia se ven obligados a contentarse con obedecer las leyes de la Naturaleza
cuando están haciendo experiencias o investigaciones químicas, etc, de lo que conocen
algo, pero se creen con derecho a prescribir condiciones cuando sé experimenta con cosas
suprafísicas, de las que están ignorantes por completo. Cuando los médium piden un cuarto
oscuro para sus experimentos, los hombres de ciencia dicen generalmente: “Ah; sí; eso
demuestra en seguida que hay fraude; quieren un cuarto oscuro para que no se vean sus
trampas. Los médium, generalmente, no saben por qué tiene que estar el cuarto cerrado, y,
por consiguiente, no pueden explicarlo; pero hay una ley que rige el pedido del médium.
Los rayos luminosos ponen al éter en vibración violenta, lo que dificulta a esas entidades
comunicantes para trabajar en esas condiciones, para formar con éter un cuerpo, un órgano
vocal, una mano o cualquier otra manifestación material.
Cuanto más oscuro está el cuarto, tanto menos vibra el éter y tanto más fácilmente pueden
esas entidades producir los fenómenos espiritistas.
Hay otras muchas leyes que rigen los fenómenos suprafísicos, leyes que la ciencia ni
sospecha siquiera, ignorancia que descalifica al hombre de ciencia para poner y establecer
condiciones.
Pero el camino está siempre abierto para todos, y por esta razón todos pueden conocer
directamente. Ellos nos dicen: procuraos un cierto número de lentes, redondeadlos en tal
forma, colocadlos en un tubo en cierta forma apuntad en determinada dirección al cielo y
veréis ocho lunas que giran en torno de Saturno. Si seguimos sus indicaciones veremos que
lo que dicen ellos es cierto. Si nos negarnos a proveemos de los instrumentos necesarios no
podremos ver las lunas de Saturno. Y nosotros les decimos: Vivid la vida necesaria y
realizad los ejercicios para que podáis desarrollar en vosotros mismos la facultad de la que
hablamos.
Entonces veréis cómo hemos dicho la verdad y os veréis obligados a sostener lo que
sostenemos. Si no quieren seguir nuestras indicaciones no se convencerán de la existencia
de los mundos suprafísicos, así como el hombre que no se procure un telescopio puede
dudar de la existencia de las lunas de Saturno. Por todas esas cosas los clarividentes
educados se abstienen.

***
Max Heindel
FILOSOFÍA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS TOMO PRIMERO

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