FILOSOFIA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS UNO

viernes, 26 de febrero de 2010

PREGUNTA Nro. 164 ¿Cuál deberla ser nuestra actitud hacia las formas inferiores de la vida?

PREGUNTA Nro. 164

¿Cuál deberla ser nuestra actitud hacia las formas inferiores de la vida? ¿Tenemos el
derecho de matar algo inofensivo, desde el momento en que todas las cosas vivientes son,
en cierro sentido, nuestros hermanos? ¿Y respecto a los insectos o reptiles venenosos?


Respuesta: Sólo existe Una Vida en el Universo, que es la Vida de Dios. En el vivimos,
nos movemos y tenemos nuestro ser. Y no sólo nosotros, sino todo lo que vive es una
manifestación análoga de Dios. A su debido tiempo nos convertiremos en creadores, así
como El es Creador. Pero mientras brutalmente destruyamos las formas de otros seres nos
creamos un obstáculo. El preguntante está en lo cierto al afirmar que los animales inferiores
son nuestros hermanos; pero, triste es decirlo, en vez de cuidar de ellos y de inspirarles
confianza y amor, nos hemos arreglado de manera tal como para hacernos temibles de todo
ser viviente que habite en la tierra, por la carnicería que hemos hecho con ellos, y parece
una retribución justísima el que nosotros, a nuestra vez, estemos en temor constante de las
vidas microscópicas, los bacilos, que no podemos matar ni a tiros ni a cuchilladas.
En cuanto a los insectos o reptiles venenosos, puede decirse que, en muchos casos, son
encarnaciones de nuestros propios pensamientos maléficos, producidos también por
nuestros hábitos, sucios. La ciencia nos ha demostrado que una higiene apropiada nos libere
de ellos, por lo menos en gran extensión, sin necesidad de matarlos. Los grandes reptiles,
tales como las serpientes, no son tan peligrosos como se cree que son. En los templos de la
India, en la que ciertas clases del pueblo han cultivado una actitud de absoluta
inofensividad, rehusando matar hasta al animalejo más insignificante, pueden verse
diariamente serpientes venenosas que circulan entre los fieles allí congregados, sin hacerles
jamás el menor daño, y si cultiváramos una actitud de inofensividad respecto a los seres
inferiores, pronto aprenderían a tener confianza en nosotros, en vez de temernos, como
ahora.
Muchos relatos se cuentan de marineros que han llegado a islas en las que nunca había
pisado el pie humano y han encontrado aves allí perfectamente faltas de temor, hasta que
algunas de ellas fueron asesinadas por los salvajes invasores. Entonces han aprendido a huir
apenas el hombre se aproxima.
Hemos también convertido algunos seres humanos en bestias de presa a quienes llamamos
ladrones y salteadores, que despojan a sus semejantes y los privan de sus bienes,
hiriéndolos a veces y aun matándolos; y todo ello es el resultado de nuestros tratamientos
crueles, que son dictados por el miedo. Si sintiéramos amor no tendríamos miedo, “porque
el verdadero amor purifica de todo miedo”, y si no tuviéramos temor nada podría dañarnos,
porque una actitud confiada y tranquila es un protector más seguro que el revólver y la
cerradura. Por lo tanto, debemos cultivar esa actitud de simpatía para todas las cosas que
viven y respiran; debemos dejar de matar los animales a millones para comer o por deporte,
que es la peor de todas las formas de la crueldad. Una actitud de amor hacia nuestros
semejantes provocaría en ellos similares emociones y los cerrajeros y fabricantes de
cañones pronto serían inútiles. Nos lamentamos de los enormes impuestos que soportamos
para mantener una potente fuerza policial, el complicado mecanismo de los tribunales y los
grandes presidios y casas de corrección, pero todas esas instituciones desaparecerían tan
pronto como reemplazáramos el miedo por el amor. La Biblia nos habla de un tiempo
cuando el león y el buey, el niño y el venenoso reptil, jugaban juntos en paz. Esto puede ser
muy bien un hecho real, porque las bestias de presa no han sido siempre carnívoras. En un
antiquísimo pasado el hombre tuvo su papel que llenar en su desarrollo, y en el futuro será
de su deber el modificar esas condiciones.

***

Max Heindel
FILOSOFÍA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS TOMO PRIMERO

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