FILOSOFIA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS UNO

viernes, 26 de febrero de 2010

PREGUNTA Nro. 153 ¿Es muy posible que la astrología y la quiromancia sean verdad? ¿Se pueden evitar las desgracias futuras mediante las predicciones


SECCIÓN VII

Preguntas concernientes a
ASTROLOGÍA

PREGUNTA Nro. 153

¿Es muy posible que la astrología y la quiromancia sean verdad? ¿Se pueden evitar las
desgracias futuras mediante las predicciones de esas dos ciencias? ¿No se interfiere esto
con nuestro destino?


Respuesta: El destino que generamos bajo la ley de causación por nuestros propios actos
puede dividirse en tres clases. En primer lugar, está el destino cuya misma naturaleza
impide que sea expiado en esta vida actual; por ejemplo, cuando un hombre comete un
asesinato, sufra o no el castigo de ello que le imponga la sociedad, no recoge el efecto de
convertirse en un hombre más dulce y cariñoso, pues la prisión perpetua, por ejemplo, no
produce ese resultado generalmente. Algunas veces resulta lo contrario: lo llena de
amargura y lo predispone contra todos. Antes de que la Naturaleza quede satisfecha debe
aprender que no debe privar a nadie de su forma: tiene que aprender a servir. De manera,
pues, que el destino no se satisfacerla hasta que llegue la oportunidad en una vida futura de
hacer un servicio de importancia a su víctima de otrora.
La segunda clase de destino la recogemos diariamente, lo pagamos al contado, por así
decirlo.
Si comemos demasiado tenemos una indigestión; si vamos sin ropas suficientes sentimos
frío.
La tercera clase se llama destino “maduro”. Es el resultado de nuestras acciones de las
vidas pasadas o de nuestros primeros años el que ha desarrollado el efecto comprendido en
las imágenes que ve el espíritu como panorama de su vida futura cuando va a renacer. Una
vez que el espíritu ha elegido cierta vida con la consiguiente suma de destino maduro a
liquidarse, queda limitado por su elección. Las tendencias a obrar en forma conducente al
pago de ese destino maduro son inherentes al cuerpo y están descritas en los astros, porque
las influencias astrales son la fuente de la actividad humana, y por consiguiente, este
destino maduro puede verse en el horóscopo del nacimiento, expresado con extraordinaria
claridad, de manera que es muy fácil que lo comprenda el astrólogo de mente espiritual o el
quiromántico. Puede ver además otras clases de destino y algunas veces tomar las unas por
las otras, equivocándose así respecto a si un suceso puede o no evitarse. Si es destino
maduro será imposible evitarlo, a pesar de todas las prevenciones, como quizás lo
demuestre el siguiente ejemplo:
En 1906 el autor dio algunas lecciones de astrología a Mr. L., conocido conferencista, en
los Ángeles, empleando el mismo horóscopo de dicho caballero para instruirlo, lo que
permitía al discípulo controlar la verdad de las interpretaciones dadas a los símbolos en lo
que al pasado concernía, y le daba mayor interés que si hubiera tomado el horóscopo de un
extraño. Se encontró que Mr. L. había sufrido cierto número de accidentes, señalando los
días en que habían ocurrido. Otro accidente debería ocurrir en la luna nueva, el 21 de julio
de 1906. Se recomendó, pues, a Mr. L. que ese día se quedara en su casa, y sobre todo el
día séptimo después de ése, siendo considerado este ultimo como más peligroso. Se le dijo
que corría peligro de sufrir un accidente que lo dañaría en la parte inferior de la cabeza, el
cuello, pecho y brazos, debido a un viaje corto en bicicleta, coche o tranvía. Mr. L. quedó
sumamente impresionado y prometió quedarse en su casa los días citados. El autor se fue al
Norte y de allí le escribió recordándole los riesgos que corría. Recibió carta diciéndole que
no lo olvidaba y que tendría mucho cuidado.
Las primeras noticias que tuvo el autor vinieron por intermedio de un amigo mutuo, y
decíase que Mr. L. había ido a Sierra Madre para dar una conferencia el 28 de julio y había
sido herido en las partes mencionadas en la predicción, debido a una colisión de vehículos.
El autor estaba muy admirado de que no hubiera seguido sus consejos y más tarde vino la
contestación, en la que Mr. L. agradecía mucho las informaciones dadas, lo que le habían
probado el valor de la astrología. La razón por la que sufrió el accidente fue que había
olvidado la fecha. El escribía: “yo creí que el 28 era el 29”.
Este caso, según cree el autor, demuestra que el destino maduro no puede interferirse con la
ley de causación y no podemos hacer nada que pueda oponerse a ésta. Hay agentes
invisibles en torno nuestro que contrarrestan cualquier movimiento que hagamos para
interferirnos con esa ley, y el autor cree que ellos fueron los causantes de la confusión de
fechas que padeció Mr. L.

***

Max Heindel
FILOSOFÍA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS TOMO PRIMERO

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