FILOSOFIA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS UNO

jueves, 25 de febrero de 2010

PREGUNTA Nro. 184 ¿Cree usted en la pena capital? ¿No es ella mucho más humanitaria que la prisión perpetua?

PREGUNTA Nro. 184

¿Cree usted en la pena capital? ¿No es ella mucho más humanitaria que la prisión
perpetua?


Respuesta: Entre los salvajes podrá ser justo: el fuerte siempre sobrepasa al débil. Nos
enorgullecemos de que nuestra civilización haya llegado a un elevado estadio y de que
practicamos el altruismo en todos los departamentos de la vida. Sin embargo, aunque no
salgamos a la calle armados con un garrote y matemos indistintamente a cuantos se nos
pongan por delante, matamos de una manera muchísimo más refinada con lo que llamamos
ley. Antiguamente la ley ordenaba que se colgara a los ladrones. Ahora decimos que ese
castigo era bárbaro, pero la pena capital sigue siendo una mancha de nuestra civilización.
Además, nuestra crueldad es mucho más refinada que la de los pueblos antiguos, porque
éstos colgaban al ladrón o le cortaban la cabeza sin más trámite, en tanto que nosotros lo
mantenemos encarcelado durante largos años, fijamos el día de su ejecución mucho tiempo
antes y permitimos que en el ínterin vaya sufriendo anticipadas muertes.
Sostenemos que el objeto no es la venganza, sino solamente la necesidad de salvaguardar a
la sociedad, impidiendo que se cometan crímenes, pero la pena capital sólo consigue
aumentarlos. Cuando un hombre tiene tendencias homicidas, debería ser aislado de manera
que no pudiera volver a herir a sus semejantes. Pero matarlo no es, absolutamente,
impedírselo. La muerte lo liberta en el Mundo del Deseo y lo deja en plena libertad para ir
de un lado a otro entre los demás, sugiriéndoles pensamientos de odio y de venganza contra
la sociedad. De ahí que se multipliquen los asesinatos. Además, la prensa ayuda
enormemente a esta manía homicida. Los títulos llamativos y los textos que relatan hasta
los más insignificantes detalles de los crímenes incitan a otros a obrar similarmente. Si la
prensa se contentara con guardar el mayor silencio sobre los crímenes y suicidios
solamente, muy pronto se notaría una disminución enorme, y es muy satisfactorio poder
decir que por lo menos existe una publicación cristiana que rehúsa publicar cualquier cosa
que no sea buena.
En cuanto a la segunda parte de la pregunta, podría contestarse quizás que, bajo el régimen
actual de las prisiones, es preferible la muerte. Pero esa rama de nuestras instituciones
también necesita una urgente reforma y es mucha la tarea que tenemos aún que hacer en lo
que respecta al trato que debe darse a los titulados criminales. Estos son nuestros hermanos,
en la misma medida que los llamados miembros respetables de la sociedad, y que aún no
han cometido el imperdonable delito de salirse de ella. Es cierto que la vida de la prisión no
es hoy tan bárbara como antes. Es también cierto que, en los Estados Unidos, tenemos la
probación y la suspensión de la sentencia, pero estamos todavía muy lejos de lo que debe
hacerse realmente.
Si pudiéramos comprender verdaderamente que los llamados criminales son hermanos
nuestros los trataríamos como si fueran hermanos menores, hijos de nuestra propia madre, y
entonces estaríamos muy cerca de obrar debidamente; porque ¿quién de entre nosotros, si
un hermano menor hubiera cometido una falta, lo enviaría a presidio con desprecio, o le
daría calificativos denigrantes cuando hubiera cumplido su sentencia, manteniéndolo en el
ostracismo el resto de su vida? Cuando una persona se enferma de fiebre tifoidea no nos
enojamos contra ella y la enviamos al hospital por un mes; la enviamos allí hasta que se
cure, cuidamos de ella y tratamos de que recupere su salud y nos regocijamos cuando se
pone bien. Un criminal no es más que un ser mentalmente enfermo y débil. No debería
enviársele a la prisión por un tiempo determinado, sino a una institución donde se le
enseñara y ayudara a recuperar su sanidad mental. Hasta que procedamos en esa forma no
podremos decir que hemos sobrepasado la máxima bárbara de pedir ojo por ojo. ¿Cómo
podemos rogar “perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros
deudores si empleamos tales procedimientos?

***
Max Heindel
FILOSOFÍA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS TOMO PRIMERO


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