FILOSOFIA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS UNO

lunes, 1 de marzo de 2010

PREGUNTA Nro. 16 Se dice algunas veces que tenemos el derecho de pensar lo que se nos antoje y que no somos responsables por nuestros pensamientos; ¿

PREGUNTA Nro. 16


Se dice algunas veces que tenemos el derecho de pensar lo que se nos antoje y que no
somos responsables por nuestros pensamientos; ¿es eso así desde el punto de vista oculto?


Respuesta: No, ciertamente; al revés, y para ello no necesitamos acudir al ocultismo.

Encontramos que esa idea la expresó Cristo en el sermón de la montaña, en el que nos dijo
que “el hombre que mira a una mujer con deseo ha, en realidad, cometido ya adulterio” y
cuando comprendemos que así corno el hombre piense en su corazón así es él, tendremos
una concepción mucho más clara de la vida que si tomáramos sólo en consideración los
actos de los hombres, porque todo acto es la manifestación de un pensamiento previo, pero
estos pensamientos no son siempre nuestros.

Cuando golpeamos un diapasón, haciéndolo vibrar, y ponemos otro diapasón cerca de
aquél, no sólo vibrará el primero con nuestros golpes, sino el segundo también comenzará a
vibrar por simpatía, siempre que los dos diapasones tengan el mismo temple.
Análogamente, cuando se nos ocurre un pensamiento y otra persona de nuestro alrededor ha
estado pensando en el mismo sentido, nuestros pensamientos se juntan con los suyos
vigorizándose para el bien o para el mal de acuerdo con la naturaleza del pensamiento. No
es una fantasía cuando en la obra llamada The Witchiny Hour” el héroe trata de ayudar a un
villano a escapar del estado de Kentucky, por haber el ultimo matado al Gobernador y estar
a punto de ser arrestado. El héroe, un hombre de considerable poder mental siente que él
pudo haber incitado al criminal. Y le cuenta a su hermana que antes del asesinato él había
estado pensando en que ese asesinato podía haberse cometido, justamente en la forma en
que se cometió. Y se encuentra bajo la impresión de que su pensamiento puede haber sido
captado por el cerebro del asesino mostrándole así el camino del crimen.
Cuando nos encontramos en un jurado y vemos nosotros al criminal, sólo conocernos un
acto; nada sabemos del pensamiento que lo incitó a él. Si hemos tenido el hábito de pensar
mal, de generar pensamientos maliciosos contra una u otra persona, esos pensamientos
pueden haberse ido hacia el criminal, y según el mismo principio que hace que cuando
tenemos ante nosotros una solución saturada de sal bastará que tomemos un solo cristal
para hacer que esa solución se solidifique, así también si un hombre ha saturado su cerebro
con pensamientos de asesinato, el pensamiento que nosotros generamos puede haber sido el
golpe de gracia que destruyó la última barrera que impedía cometer el crimen.
Por consiguiente, nuestros pensamientos son muchísimo más importantes que nuestros
actos, puesto que si siempre pensamos bien siempre obraremos bien. Nadie puede pensar en
amar a sus semejantes, en ayudarlos y auxiliarlos espiritual, mental o físicamente sin poner
en práctica esos pensamientos alguna vez en su vida, y si nosotros cultivamos solamente
esos pensamientos, pronto veremos que la luz del Sol brilla en torno nuestro; veremos que
la gente nos recibe en la misma forma en que nosotros irradiamos, y si pudiéramos
comprender que el cuerpo de deseos (que rodea a cada uno de nosotros extendiéndose unas
dieciséis pulgadas en torno de la periferia del cuerpo) contiene todos esos sentimientos y
emociones, entonces veríamos a los demás diferentemente, pues entonces entenderíamos
también que todo lo que vemos lo vemos a través de la atmósfera que nos hemos creado en
torno nuestro, cuyos colores todos los vemos en los demás.

Si, entonces, vemos insignificancia y pequeñez en los demás, sería conveniente que nos
miráramos a nosotros mismos para comprobar si no es la atmósfera que nos rodea la que da
esa coloración. Veamos si no tenemos dentro de nosotros mismos esas cualidades no
deseables, y entonces comencemos por quitarnos esos defectos. El hombre que es
insignificante y pequeño irradia de sí mismo esas cualidades, y cualquiera con quien él se
encuentre le parecerá insignificante porque el evocará esas cualidades en los demás, según
el mismo principio de que la vibración de un diapasón de cierto temple hará vibrar por
simpatía a otro diapasón del mismo temple que se le ponga cerca. Por otra parte, si
cultivamos una actitud de serenidad, una actitud libre de egoísmo y francamente honesta y
deseosa de ayudar, evocaremos lo mejor en las demás personas. Por consiguiente, es
necesario que comprendamos que hasta que no hayamos cultivado las mejores cualidades
en nosotros mismos no podemos esperar encontrarlas en los demás. Somos, pues, en verdad
responsables de nuestros pensamientos, somos ciertamente los custodios de nuestros
hermanos, porque así como pensemos los encontraremos y se nos aparecerán así reflejando
nuestra propia actitud.
Aplicando el principio antedicho, si necesitamos ayuda para cultivar esas mejores
cualidades, busquemos la compañía de las personas que ya las posean, porque su actitud
mental será de una ayuda inmensa para nosotros evocando en nuestra propia atmósfera sus
sutilísimas facultades.

***

Max Heindel
FILOSOFÍA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS TOMO PRIMERO

*

No hay comentarios:

Publicar un comentario