FILOSOFIA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS UNO

lunes, 1 de marzo de 2010

PREGUNTA Nro. 86 El Árbol de la Vida, del que se habla en la Biblia ¿es lo mismo que la piedra filosofal de los alquimistas?

PREGUNTA Nro. 86

El Árbol de la Vida, del que se habla en la Biblia ¿es lo mismo que la piedra filosofal de
los alquimistas?


Respuesta: Sí y no. Para comprender el asunto es necesario retroceder en la historia de la
humanidad. Hubo un tiempo en que esta era bisexual y podía generar cuerpos sin ayuda de
otro. Pero cuando se hizo necesario formar el cerebro para que el espíritu pudiera crear
mediante el pensamiento así como en el Mundo Físico, la mitad de dicha fuerza sexual se
retuvo para construir el Órgano del pensamiento. Entonces se hizo necesario para cada ser
humano buscara la cooperación de otro que expresara el polo contrario de la fuerza sexual
que él tenía disponible para propósitos sexuales. No teniendo cerebro, y como sus ojos no
se habían abierto, estaban, por supuesto, inconscientes en el Mundo Físico y no podían
guiarse a sí mismos. Por consiguiente, los ángeles los juntaban en ciertas épocas del año
cuando las fuerzas planetarias eran propicias a la realización del acto generador como un
sacrificio religioso, en el cual daban parte de sus cuerpos para generar un vehículo para otro
espíritu. En ese estrecho contacto el espíritu atravesaba un instante el velo de la carne y
Adán conoció a su esposa. Más tarde, cuando la conciencia de la humanidad se había
concentrado un poco más en el Mundo Físico y cuando algunos de entre ellos comenzaron
a percibir los cuerpos de los que estamos tan conscientes ahora, esos precursores
comenzaron a predicar el evangelio del cuerpo, diciendo a los demás que poseían un cuerpo
físico, pues la mayoría estaba inconsciente de ese instrumento, así como nosotros estamos
ahora inconscientes del estómago cuando gozamos de buena salud.
Se notó también que esos cuerpos morían, y entonces los precursores se preocuparon de
cómo ese cuerpo podía ser reemplazado. La solución a este problema se la dieron cierta
clase de espíritus rezagados de la evolución de los ángeles, que eran unos semidioses, por
así decirlo.
Esos espíritus luciferes o dadores de luz iluminaron a la humanidad naciente respecto a sus
poderes de generar cuerpos en cualquier tiempo. Pero esos cuerpos no eran perfectos
entonces, tampoco lo son actualmente y por supuesto, la generación sin tener en cuenta las
condiciones planetarias han producido hasta cuerpos inferiores a los que habrían sido
generados en caso contrario, además de los dolores de parto que el ángel profetizara.
Desde entonces la función procreadora se ha ejercido sin restricción por la ignorante raza
humana. Pero mediante la muerte, los ángeles enseñan a la humanidad, entre la muerte y el
nuevo nacimiento, cómo construir cuerpos de creciente y gradual perfección. Si el hombre
hubiera aprendido en ese lejanísimo pasado cómo renovar su cuerpo vital, ya que se le
enseñó a crear cuerpos densos a voluntad, la muerte hubiera sido una imposibilidad y el
hombre se hubiera hecho inmortal como los dioses. Pero entonces también habría
inmortalizado sus imperfecciones y convertido el progreso en una imposibilidad. A esta
renovación del cuerpo vital se refiere la Biblia cuando habla del Árbol de la Vida. Cuando
el hombre se iluminó respecto de la generación era todavía un ser espiritual cuyos ojos no
estaban cegados aun por el mundo material, Y podía haber aprendido el secreto de vitalizar
su cuerpo a voluntad, frustrando así su evolución. Vemos, pues, que la muerte, cuando
viene naturalmente, no es una maldición, sino nuestro mejor y más grande amigo, porque
nos libra de un instrumento en el cual ya no podemos aprender nada; nos saca de un
ambiente que ya hemos aprovechado, para que podamos aprender a construir un cuerpo
mejor en un ambiente mejor, en el que podremos progresar más hacia la meta de la
perfección.
En este peregrinaje llegará al fin un tiempo en el que el hombre estará preparado para,
poseer los poderes de la vida. Su cuerpo se purificará y le servirá durante mucho más
tiempo que ahora. Entonces empezará a buscar la piedra filosofal, el elixir de vida, o el
nombre que le dé.
Los alquimistas trataban de obtener ese vehículo puro y santo, pero no mediante procesos
químicos hechos en sus laboratorios, según supone la muchedumbre ignorante. La
nomenclatura que dio color a esa idea era necesaria, porque vivían en una edad en la que
una iglesia dominante y apóstata los hubiera llevado a la muerte si esa verdad se hubiera
conocido.
Cuando hablaban de trasmutar los bajos metales en oro decían la verdad, no sólo desde el
punto de vista material, sino también del espiritual, porque el oro ha sido siempre el
símbolo del espíritu y esos alquimistas trataban de purificar sus cuerpos, que eran de
naturaleza inferior, para convertirlos en superiores o espiritualizarlos.
En todas partes la transparencia se ha empleado para designar el poder de la pureza. En el
Antiguo Testamento se habla del templo de Salmón, que se “construyó sin resonar de
martillos”. El más hermoso ornamento era el mar fundido. Hiram Abiff, el constructor,
como ultima realización consiguió trasmutar todos los metales de la tierra haciéndolos tan
transparentes como el cristal. En el Nuevo Testamento se habla de una hermosa ciudad que
tenía un mar de cristal. En el Oriente el Iniciado trata de convertirse en un alma diamantina,
pura y transparente. En el Occidente la Piedra Filosofal es el símbolo del alma purificada,
extraída de cuerpos que se han trasmutado y espiritualizado. El alma que peque morirá,
pero el alma pura se inmortalizará mediante el elixir de vida, el Árbol de la Vida,
convirtiéndose en un cuerpo vital que durará milenios como vehículos del espíritu.

***
Max Heindel
FILOSOFÍA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS TOMO PRIMERO


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